Cada vez son más las empresas que se ven obligadas a  hipotecar su marca para conseguir financiación. Frente a una falta de liquidez, y a la ausencia de activos físicos que ofrecer para avalar la solicitud de un crédito, el valor intangible de la marca se está convirtiendo en el recurso que ofrecer a los bancos para su definitiva concesión.

El hecho de hipotecar  una marca no tiene por qué  ser algo negativo, de hecho el Código Civil prevé que se pueda tanto vender una marca o un nombre y como también ofrecerlo como garantía de un préstamo. El problema empieza cuando no se cumplen las obligaciones contraídas, entonces el banco puede tomar acciones y vender ese activo para recuperar su inversión a un tercero. El riesgo comienza entonces, cuando la compañía  sigue operando intentando salir de una situación de desbalance con el riesgo de perder su propia identidad y con la consecuente imposibilidad de mantener la actividad  si pierde su activo diferenciador de otros competidores.

Marcas como Victorio y Lucchino, Trapa, Dhul, Marsans, Magefesa o Musgo, entre otras, han visto en algún momento de su historia cómo pesaba la losa del embargo sobre sus nombres.

 

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http://www.expansion.com/2013/02/25/juridico/1361812681.html

 

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